Las organizaciones sociales dominicanas que trabajan en la reducción de la demanda de drogas: prevención, tratamiento, formación, investigación, reducción de riesgos y daños, reinserción social…, son históricamente el principal bastión para atender, a las poblaciones más vulnerables de nuestra sociedad. Penosamente son a la par el sector más ignorado en las políticas públicas sobre drogas de nuestro país. En el periodo 2024 – 2025, estas instituciones, que, fruto del desamparo, funcionan en medio de grandes precariedades, desplegaron grandes esfuerzos para sensibilizar y generar apoyos. Destacaron la importancia de prestar atención al tema de las drogas, desde una perspectiva humana, compasiva y de derechos. Sus reclamos fueron ignorados y apenas cosecharon expresiones de buena voluntad y promesas incumplidas.
A principio de 2025, la decisión inédita de nombrar, en el Consejo Nacional de Drogas – CND, a un académico de prestigio, profesional de las ciencias sociales, fue acogida con alegría y esperanza por estas organizaciones. En esaocasión, sumándonos a lo que creíamos una buena nueva, dijimos: “el presidente Luis Abinader envía un claro mensaje de su determinación de transformar una política pública sobre drogas, atascada en parámetros arcaicos”. Sin embargo, pasado un año, nada ha ocurrido. Esa “determinación” que suponíamos expresaba esta designación, no parece hoy tan evidente.
Nunca antes, el CND y las organizaciones sociales del sector, habían estado tan deprimidos en materia de presupuesto. En sucesivas modificaciones de la Ley 50-88 y nuevas legislaciones sobre lavado de activo (Ley 72-02, Ley 155-17, Ley 340-22, Ley 60-23), en las que el CND tenía posiciones de liderazgo, y las organizaciones recibían el 15%; acabaron siendo excluidos. Lo mismo que las organizaciones sociales, el CND, también fue excluido de la entrega de recursos (25%), provenientes de las violaciones a las leyes de drogas Poco ha importado que se diga que el CND es el organismo rector de las políticas sobre drogas en nuestro país. El presupuesto nacional, tampoco ha expresado esa esperada decisión de cambios. Es imposible que el CND pueda avanzar si no se cuenta con los recursos mínimos necesarios. Se desprecia la conocida parábola bíblica: “Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán” Lucas 5:37
Es inconcebible que mientras se pregona que nuestro país, en materia de política de drogas, es un modelo a seguir, las estrategias preventivas- no gubernamentales y oficiales, no reciban la atención que su importancia demanda. Así no es posible avanzar en programas preventivos que aporten en el desarrollo estilos de vida saludable. Es una crueldad ignorar a las personas dependientes de sustancias psicoactivas, que se sabe que tienen un trastorno de salud. Es imposible que estas organizaciones puedan cumplir su importante misión, si no cuentan con los recursos mínimos necesarios.
Pareciera que para este año 2026, se ha decidido que las estrategias nacionales de reducción de las demandas de drogas, que debían ser la prioridad, sigan siendo la Cenicienta. Pareciera también que nuestras expectativas de transformación, afirmadas por las autoridades de más alto nivel, se quedarán en “más de lo mismo”.
Desde Casa Abierta, iniciamos este 2026 económicamente peor que años anteriores. Sin embargo, en medio de incertidumbres y frustraciones, aún mantenemos la esperanza en promesas recibidas. En espera activa, seguiremos acompañando a la sociedad dominicana, reiterando nuestro compromiso por aportar para que en cada vida haya un proyecto hacia un mundo mejor.
Juan Raddamés de la Rosa Hidalgo
Psicólogo.
Director ejecutivo.
Enero, 2026